Conforme la Unión Europea fue adquiriendo cada vez más peso polÃtico y legislativo, la ciudad belga fue cobrando una importancia vital dentro de ese entramado de paises, hasta llegar a convertirse en la capital de Europa.

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Hoy en dÃa todo polÃtico de administraciones nacionales, regionales y locales que tenga que solicitar fondos ha de desplazarse en algún momento hasta Bruselas. Ello ha traÃdo aparejado que también sean muchas las personas de negocios que acudan a Bruselas a realizar operaciones o a informarse de la vialidad de las mismas.
¿Cómo se manifiesta eso en la ciudad? Pues hay dos consecuencias bien visibles para todo aquel turista que llegue hasta la capital belga. En el caso de que uno pasee un dÃa entre semana por el distrito financiero e institucional de Bruselas, verá multitud de personas vestidos con elegantes trajes, con un maletÃn de cuero o el portátil en la mano. Tampoco es extraño ver circulando o aparcados impolutos y grandes coches oficiales.
Y la segunda consecuencia que se puede apreciar es la enorme cantidad de establecimientos de servicios existentes en la ciudad. Para todos los precios y para todos los gustos. El número de hoteles es abrumador, y quizás sean más aún los innumerables restaurantes. Los hay de comida rápida, elegantes, de menú del dÃa de batalla, de cualquier nacionalidad, con la gastronomÃa más tÃpica del paÃs, etc. Algo similar ocurre con los bares. Y también son numerosÃsimos los puestos callejeros de comida, en los que detenerse comprarse un sandwich, una crêpe  o cualquier otro tentempie y aliviar el hambre al mediodÃa, un método de comer que se ha convertido casi en el almuerzo más tÃpico de las ciudad del norte de Europa.
