La ciudad de Ostende tiene sus orígenes como puerto marítimo desde los tiempos de la Edad Media. El mar fue y sigue siendo su razón de ser. Hoy en día su puerto es uno de los más importantes de Bélgica, y las playas cercanas a la población son de las más visitadas por la población belga.

mercator

Foto: Flickr.com

Por lo tanto, Ostende era el lugar más adecuado para dejar atracado de forma definitiva su navío más emblemático: el Mercator.

En la actualidad, cuando visitamos la ciudad de Ostende uno de los paseos obligados es su puerto deportivo. Ahí, entre una infinidad de pequeñas embarcaciones, de pronto se descubre un velero de casi ochenta metros de eslora y tres grandes mástiles, capaces de aguantar desplegadas hasta 15 velas, lo que llegaban a suponer unos 1600 metros cuadrados de trapo. Pues bien, se trata del Mercator, el antiguo buque-escuela de la armada belga.

Pese a su apariencia, no se trata de un barco extraordinariamente antiguo, ya se se contruyó a principios de la década de los treinta del pasado siglo XX, por cierto en astilleros de Escocia. Y se mantuvo en funcionamiento hasta 1960, cuando fue amarrado definitivamente en este puerto y se convirtió en un museo flotante, en el que podemos rememorar sus viajes y misiones, fueran científicas o de guerra.

Porque el Mercator participó activamente durante la Segunda Guerra Mundial, si bien su principales funciones tuvieron que ver con la formación de los futuros marinos belgas y con la realización de misiones científicas por mares de todo el mundo. De todo ello, encontramos muchos objetos y recuerdos expuestos en el Mercator.

Lo cierto es que bien merece una visita, y pese a que a veces Ostende se queda fuera de los circuitos turísticos, si tienes la oportunidad acércate hasta esta ciudad, por ejemplo si visitas Brujas, la ciudad de Ostende está a tan sólo 25 kilómetros.

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